Amor y Odio a los conciertos
30 Aug
Una de las cosas que más me gusta hacer, aparte de comer e ir al cine, es ir a un concierto. Desde un simple toquin hasta un festival o concierto masivo.
Tal vez el que no vaya tanto es porque al principio me da mucha flojera todo el asunto de hacer fila para el boleto (si no lo compré preventa), hacer fila para entrar, que te revise una señora policia, hacer fila para la pulsera que te identifica como mayor de edad y puedas consumir alcohol, hacer fila para la cerveza o el agua en su defecto y luego estar parada 1 o 2 horas esperando al artista, escuchando y viendo a los teloneros que nadie los quiere y los abuchean.
Pero ya que llega la mera hora, no importa si hace 40 grados centigrados y tu piel sudada se roza con la piel de la gente que está al lado todo sudado o aguantar al borracho que tira agua de riñon o se la pasa saltando y cantando y no te deja escuchar o ver al grupo… porque los 90 minutos que dura el concierto, todo es felicidad, baile y alegría.
Y luego se termina y todos empiezan a gritar “eeeerooo”, para que toquen una más (nacos). Otra fila para salir, and later… el estacionamiento. Media hora para salir de él y luego pagar 50-100 pesos.
Y después, los tacos o hotdogs.. zumbandote los oidos.





Creo que ya es tiempo de hablar de The Walking Dead, la serie de televisión de la que todos los nerdos estamos hablando y siguiendo religiosamente todos los días; es una adaptación del comic del mismo nombre creado por Robert Kirkman, escritor famoso por haber declarado que él revolucionaría la industria del comic, algo que ha irritado a mucha gente al ver sus buenos numeros de ventas y al crecer en popularidad en trabajo como en esta ocasión, que sigue adaptando su historia a guion de televisión serial.
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